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Sostenibilidad: 驴ideolog铆a o necesidad?

por Rainer Uphoff, periodista y empresario de la movilidad聽| 27/02/2023

Mi suegra muestra la sabidur铆a propia de una mujer del campo andaluz. Tiene una gran capacidad intuitiva para distinguir la verdad de la mentira, lo importante de lo secundario, lo aut茅ntico del postureo, lo real de lo ideol贸gico. Recuerdo que, en una ocasi贸n, una de sus nietas intent贸 darle una lecci贸n sobre sostenibilidad, a lo que respondi贸: 鈥淣o me sermonees sobre algo de lo que no entiendes鈥.

鈥淣osotras rebusc谩bamos las aceitunas del suelo para conseguir dos reales que nos daban por ellas. Y te aseguro que no se tiraba nunca comida鈥. 鈥淣osotros s铆 que recicl谩bamos, que la ropa pasaba de hermanos a primos. Adem谩s, en mi casa no se tiraba nada ni se compraban tonter铆as鈥.

鈥淣uestro viaje m谩s largo era a la capital, en el coche de l铆nea, un par de veces al a帽o para visitar a un enfermo en el hospital o para comprar tela con la que hacernos ropa cuando se hab铆a desgastado la que ten铆amos. Y ahora me ven铆s con exigencias como separar el pl谩stico, comer menos carne o usar solo coches el茅ctricos, sin daros cuenta de que son problemas que hab茅is tra铆do vosotros con tanto capricho鈥.

Obviamente, tras esa respuesta contundente de la abuela, la nieta no volvi贸 a sacarle el tema. Ahora estamos viviendo en un tiempo en el que parece que 鈥渟er sostenible鈥 se ha convertido en el primero de los Diez Mandamientos. O en el que 茅stos se han sustituido por unos nuevos imperativos morales: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Pero, 驴qu茅 significa en realidad 鈥渟er sostenibles鈥?

Pas茅 mi ni帽ez y buena parte de mi juventud en Alemania, en una zona rural pr贸xima a una ciudad que ahora se ha convertido en urbanizaci贸n-dormitorio. Mi padre, hijo de granjero, me ense帽贸 a amar y a respetar la naturaleza. Muy a pesar de mi madre, mi habitaci贸n estaba llena de botes, acuarios y terrarios donde manten铆a peque帽os h谩bitats de plantas y bichos cazados en las praderas, en los bosques, en los estanques y en los riachuelos m谩s pr贸ximos.

Hoy en d铆a, seguro que estar铆a infringiendo leyes de protecci贸n de especies. Pero siempre agradecer茅 a mi padre, uno de los primeros ambient贸logos que conoc铆, por haberme acompa帽ado en muchos paseos para explicarme c贸mo en la naturaleza todo depend铆a de todo y qu茅 deb铆a tener en cuenta para mantener vivos y en equilibrio cada uno de los peque帽os ecosistemas que manten铆amos en casa. Agradecimiento que, por supuesto, tambi茅n hago extensivo a mi madre, porque nunca cumpli贸 su amenaza de 鈥渢irarlo todo鈥 si no manten铆a limpio mi cuarto.聽

Eran peque帽os universos cerrados, sostenibles por un tiempo, hasta que suced铆a algo que romp铆a el equilibrio y terminaba en muy poco tiempo con todo. Recuerdo mi ecosistema favorito, que se mantuvo una eternidad (para un ni帽o de 12 a帽os) en uno de esos grandes botes de cristal herm茅ticamente cerrados con una goma roja que se usaban antes para hacer conservas con las frutas del jard铆n (hoy dir铆amos 鈥渆col贸gicas鈥).

Sobre un fondo de arena viv铆a una almeja de aguadulce y me encantaba observar c贸mo se mov铆a sacando una especie de pata viscosa mientras manten铆a el agua cristalina filtr谩ndola a trav茅s de un curioso orificio que se abr铆a en un extremo. Entre las plantas acu谩ticas, de las que burbujeaba el ox铆geno que produc铆an cuando las pon铆a al sol, saltaban peque帽as pulguitas de agua, serpenteaban min煤sculas lombrices rojas y habitaba una enorme y amenazadora larva de escarabajo de agua que mataba con sus extra帽as tenazas h谩bilmente cada uno de los renacuajos que abandonaba la protecci贸n del aglomerado de huevas de rana que flotaban en la superficie.

Un fin de semana me fui a casa de un amigo y, cuando volv铆, descubr铆 que hab铆a dejado mi miniacuario en el alf茅izar de la ventana, expuesto a demasiadas horas de sol. Los resultados de ese microcalentamiento global fueron devastadores y visibles a primera vista. El agua, antes siempre impecablemente transparente, se ve铆a verde; la larva estaba flotando y la concha se hab铆a cerrado. Fin de la historia: sopa de algas.

Moraleja: vivimos en un ecosistema que hay que cuidar porque, si de verdad entra en la din谩mica del desequilibrio, las consecuencias pueden ser fatales en un plazo muy corto. Aunque los d铆as de mi acuario se cuenten como siglos en la historia del planeta. Y no bastar谩 con acciones que, en realidad, no son m谩s que simple maquillaje.

Como nos ense帽贸 mi suegra, no es m谩s sostenible el consumista que m谩s recicla, sino la persona que opta por un estilo de vida austero. Sin sentir nostalgia por la miseria y por la pobreza involuntaria de la 鈥渧ida de antes鈥, pero s铆, revisando nuestros h谩bitos de consumo, de viajes o de caprichos, en definitiva.

Y a帽adir铆a una cosa m谩s: la sostenibilidad tendr谩 en el centro al ser humano y la humanidad y se desarrollar谩 a trav茅s de la cooperaci贸n. De lo contrario, no ser谩 鈥渟ostenible鈥. No cabe aqu铆 entrar en los or铆genes de la cat谩strofe ecol贸gica 鈥搚, por tanto, humana鈥 que estamos padeciendo. Pero algunas cosas no deben perderse de vista.

En primer lugar, es un esc谩ndalo que el 20 por ciento de la humanidad que m谩s contamina al consumir el 80 por ciento de los recursos, imponga, a trav茅s de sus organismos internacionales, al otro 80 por ciento de la humanidad 鈥揳l que solo deja el 20 por ciento鈥, sus propias reglas de 鈥渟ostenibilidad de ricos鈥. Una aproximaci贸n humanista a la sostenibilidad tiene que hablar de las grandes injusticias estructurales, que es la madre de todas las insostenibilidades.

El individualismo del 鈥渃ada uno a lo suyo鈥 y el materialismo de nuestro sistema econ贸mico transnacional rompe lazos humanos y crea cada vez m谩s soledad. Es un mecanismo impulsado por esa gran maquinaria de maximizaci贸n de beneficios y del retorno a la inversi贸n que es nuestro sistema consumista, que necesita generar compras compensatorias que no har铆amos si fu茅ramos personas felices y satisfechas con nuestras relaciones humanas.

Nuestros vac铆os espirituales y existenciales se compensan con consumo, generan bulimia compradora que no tiene fin porque no satisface nunca. Por tanto, tambi茅n es absurdo plantear la sostenibilidad sin fomentar la regeneraci贸n de la familia y la pandilla de amigos como c茅lula fundamental de la sociedad y de la satisfacci贸n personal. O sin desarrollar la colaboraci贸n entre personas y familias para que, con su trabajo, puedan construir una econom铆a que responda a sus necesidades.

El trabajo crea uni贸n entre personas y construye valor econ贸mico en funci贸n de sus necesidades reales. Sin embargo, el capital inversor, con su sed insaciable de dividendos a toda costa, tiene otra din谩mica menos sostenible.

Habr铆a mucho m谩s que decir al respecto, pero plantear la sostenibilidad como fin en s铆 mismo quedar铆a como pura etiqueta ideol贸gica utilizada por intereses pol铆ticos o incluso geoestrat茅gicos. Esto har铆a a煤n m谩s da帽o a los seres humanos y a su h谩bitat, nuestro planeta Tierra.

Nuestro planeta terminar谩 como mi acuario infantil olvidado al sol si no luchamos contra la injusticia global y contra la deshumanizaci贸n de nuestro entorno; si no trabajamos de manera colaborativa por una sociedad, por una cultura y por un tejido econ贸mico al servicio de las personas y de sus necesidades reales, superando definitivamente el individualismo consumista. Ese es el camino que tenemos por delante.

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