Hay algo que ocurre con muchos huertos escolares: empiezan con mucha ilusión Se prepara la tierra, llegan las semillas, se plantan las primeras hortalizas y el alumnado descubre, casi con sorpresa, que los alimentos no aparecen mágicamente en las estanterías del supermercado.
Pero después llega el día a día, el tiempo escasea, llueve demasiado o hace calor. El riego falla. Llegan las vacaciones. Y, a veces, la persona que sabía cómo organizar el huerto ya no está.
Entonces aparece la pregunta importante: ¿Cómo conseguimos que un huerto escolar no dependa de que haya una persona especializada en el huerto?
Esta ha sido una de las preguntas que hemos querido abordar durante la nueva fase de “Cultivando Conciencia: Huertos Escolares para un Futuro Sostenible”, impulsada por la Fundación Somos Naturaleza y financiada por el Ayuntamiento de Montilla.
El reto no era plantar. Era organizar y mantener durane tel curso escolar.
Después de varias ediciones acompañando a centros educativos de Montilla, hemos aprendido que poner en marcha un huerto es solo el principio. El verdadero desafío es conseguir que se convierta en una parte habitual de la vida del centro y que pueda utilizarse de manera sencilla por diferentes docentes y grupos.
Por eso, durante esta fase hemos puesto el foco en una herramienta muy concreta: el Tablero del Huerto Escolar.
Una herramienta física y visual que permite convertir algo aparentemente complicado —“¿qué hacemos hoy en el huerto?”— en algo mucho más sencillo.
¿Qué tareas hay esta semana? ¿Cuáles están en marcha? ¿Cuáles necesitan revisión? ¿Y cuáles ya hemos terminado?
El tablero permite visualizar todo ese proceso mediante columnas y tarjetas con información práctica: dificultad, materiales necesarios, zona de cultivo o tipo de tarea.
Así, el huerto deja de depender exclusivamente de la memoria o experiencia de una persona. El propio espacio empieza a explicar qué necesita. Porque organizar un huerto significa aprender a planificar, repartir responsabilidades, trabajar en equipo, tomar decisiones y asumir que nuestras acciones tienen consecuencias.
Por eso, durante las sesiones prácticas realizadas este año, el alumnado ha participado en tareas tan diversas como preparar el suelo, realizar siembras y trasplantes, organizar cultivos, instalar riego, conservar semillas, observar la biodiversidad, trabajar el compostaje o abordar de manera ecológica la aparición de plagas.
Incluso los imprevistos pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje.
Por ejemplo ¿Aparecen orugas en las coles? En lugar de entenderlo simplemente como un problema, podemos investigar sobre su ciclo de vida y preguntarnos qué papel cumplen en el ecosistema.
El huerto se convierte así en un pequeño laboratorio vivo.
El objetivo final: que el huerto no necesite que alguien lo “salve”
Después de esta experiencia, quizá una de las principales conclusiones de “Cultivando Conciencia” sea precisamente esta: un huerto escolar sostenible no es necesariamente el que tiene más plantas, ni el más grande, ni el más bonito. Es aquel que consigue integrarse en la vida del centro, que puede ser utilizado por diferentes docentes, que permite al alumnado participar, que tiene una organización sencilla, y que, poco a poco, genera una comunidad alrededor de su cuidado.
Porque un huerto escolar puede ser mucho más que un lugar donde cultivar tomates o lechugas.
Puede ser un aula abierta de sostenibilidad: un lugar para hablar de alimentación, biodiversidad, consumo responsable, cambio climático, economía circular, participación y cuidado del territorio. Y, sobre todo, un lugar donde aprender algo que difícilmente puede enseñarse solo con un libro: que cuidar algo vivo requiere tiempo, responsabilidad y colaboración.
En Fundación Somos Naturaleza seguimos trabajando para que los huertos escolares de Montilla no sean una actividad puntual, sino espacios educativos vivos, participativos y capaces de mantenerse en el tiempo.
🌱 Seguimos cultivando conciencia.