El concepto de ganancia neta de biodiversidad implica que cualquier proyecto o actividad productiva no solo debe compensar los impactos negativos que genera, sino demostrar una mejora real y medible en la biodiversidad del territorio donde opera.
Para medir biodiversidad no basta con un indicador único, sino que hay que trabajar con una “cesta de métricas” que capture
- Paisaje y conectividad ecológica.
- Flora y cobertura viva.
- Invertebrados del suelo y sobre el suelo.
- Aves.
- Calidad biológica y funcionalidad del agroecosistema.
La ganancia neta de biodiversidad se apoya precisamente en comparar una línea base con un escenario de intervención y traducir el cambio a unidades comparables, no a un valor absoluto.


La lógica operativa de la biodiversity net gain es sencilla en concepto: se compara el estado inicial con el estado final o proyectado tras la intervención, y se exige que el balance sea positivo. En Inglaterra, por ejemplo, el marco oficial exige al menos un 10% de ganancia neta, calculada con unidades de biodiversidad ajustadas por tipo de hábitat, condición, localización y tiempo.
Por eso, en el tercer taller LIFE Custodia de Fundación Global Nature celebrado la semana pasada, Jordi Domingo, responsable del área de Agricultura y Biodiversidad, lo resumió sin rodeos: las empresas ya no pueden limitarse a declaraciones genéricas o a compensar solo las emisiones GEI. Las palabras no son suficientes, lo que cuenta es el dato. Es decir, necesitan traducir sus acciones en impacto medible, verificable y replicable.
Y esto es una exigencia creciente impulsada por: los inversores, los consumidores, los reportes de doble materialidad y el propio marco regulatorio europeo, como la Ley de Restauración de la Naturaleza.
Y ahí es donde entra una herramienta clave: la custodia del territorio. Se constituye como un puente entre dos mundos: la conservación de la biodiversidad y la sostenibilidad corporativa.
Lo interesante es que, cuando se hacen bien las cosas, los resultados no tardan en llegar. La naturaleza responde con rapidez asombrosa cuando le proporcionamos las condiciones adecuadas:
- Viñedos que incorporan refugios para fauna auxiliar y mejoran su equilibrio ecológico
- Olivares que recuperan suelo vivo gracias a cubiertas vegetales
- Fincas donde aumentan los polinizadores en cuestión de pocos años
En esta línea, iniciativas como Alzanatura, impulsada por la Fundación Somos Naturaleza, muestran hacia dónde va todo esto: proyectos de custodia del territorio que no solo conservan, sino que generan propuesta de valor ambiental y social medible.
Autora: Mercedes García de Vinuesa